El Cuenco de Baubo

Espacio del ÚTERO, la casa de todos.

Ábrete sésamo

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the guardian

Estas eran las palabras con las que abría la cueva Ali Babá , la caverna donde escondía sus grandes tesoros. El cuento “Alí Babá y los Cuarenta Ladrones” está dentro de las inolvidables “Mil y una Noches”  -habiendo sido agregada posteriormente, según algunos expertos-. Relatos que nacieron de la voz y la imaginación de Sherezade  (en persa: شهرزاد, Shahrzād), por cuestiones de supervivencia. Lo cierto es que, en ese principio de resonancia y correspondencia, existe una voz y la respuesta a ese sonido es un “abrirse”, dejar entrar. Y claro, es una forma de cooperación, una comunicación recíproca que es lo único que puede hacer que surja la magia. El sésamo es una semilla, ¿y la magia?, en este caso es la vida. La caverna no necesita aclaración.

Científicos del Wellcome Trust Sanger Institute describen por vez primera en Nature cómo el hasta ahora desconocido receptor Juno, que han encontrado en la superficie del óvulo, identifica a su ligando en la capa exterior del espermatozoide (la proteína Izumo). Lo hace bajo un sistema de llave y cerradura en el que, cuando se encuentran ligando y receptor, el óvulo abre la puerta de entrada al espermatozoide, lo que desemboca en la fusión de ambos a la vez que cierra el paso a nuevos gametos masculinos (y posibles lesiones cromosómicas)

Juno, la proteína de la fertilidad

La descripción del inicio de la fecundación era uno de los secretos que desconocía la ciencia hasta el momento. Este procedimiento de comunicación intercelular se ha observado en ratones, pero el hecho de que tanto Juno como Izumo se hallen en los gametos humanos permite pensar en futuras aplicaciones tanto en tratamientos de infertilidad como en nuevos métodos anticonceptivos.

El enigma de lo que sucedía en el primer instante del encuentro entre un espermatozoide y un óvulo era, en realidad, una incógnita a medias. Al menos, desde el año 2005 un grupo de investigadores japoneses identificaron el ligando en los espermatozoides (la llave) y denominaron a esta proteína Izumo por el santuario sintoísta japonés del mismo nombre vinculado al matrimonio.

Entonces comenzó la búsqueda del receptor. Una compleja tarea que nueve años después ha concluido con el hallazgo de Juno, la cerradura molecular de la superficie del óvulo que permite el acceso del espermatozoide. Se trata del receptor de folato 4, y que, en este caso, ha sido bautizado como Juno en honor a diosa romana de la maternidad.

“Hemos resuelto uno de los misterios que permanecía durante más tiempo oculto en la biología al identificar las moléculas del óvulo y el espermatozoide que deben asociarse en el momento en el que somos concebidos”, apunta Gavin Wright, del Sanger Institute y autor principal del trabajo.

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Autor: El Cuenco de Baubo

Asociación de mujeres y hombres que investigan en la identidad femenina de la especie humana. Todos habitamos el útero al inicio de nuestras vidas. Compartimos el cromosoma X. Todos los citoplasmas de nuestras células se originaron del óvulo... y más curiosidades, en nuestra publicación "Naturalmente Tú".

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